Perdí dos días de mi vida, los pasé lejos de Mariana. Fue por una reunión en el departamento de unos amigos, noche de chelas, tequila y música. Estoy mareado, tomo otro trago a mi cerveza, entonces la veo fijamente, Andrea es muy apasionada y creo que algo dogmática. Yo estoy acostumbrado a discutir, aunque en ocasiones no puedo expresarme del todo bien, me vienen todas las ideas a la cabeza, los autores, las citas, intento sacarlo todo de golpe.
Ella se coloca firme en un idea vaga del asunto, no se empeña en hacer todo el ejercicio intelectual que yo implemento para darle cuerpo a mi argumentación. Sin embargo ahí estamos, esta es la segunda vez que hablamos del tema, la primera vez su postura necia me causó desagrado.
Yo por mi parte, soy un mamón de mierda. Seguimos bebiendo y me doy cuenta que le gusta el tipo de discusión que genera desencuentros. ¿Me simpatiza? no perfecta, pero sus ojos, su mirada, su boca, su cabello, empiezo a considerar que podría gustarme.
Estoy en una relación con una mujer, se llama Mariana. Ella me soporta, me cuida y de hecho, inunda de celos mi vida. La cuestión es que no es la primera vez que me asalta esta incertidumbre, regularmente cedo a mis impulsos, porque al fin de cuentas el deseo es algo inevitable, lo sientes y te mueves alrededor de los otros cuerpos, para tocarlos, para mirarlos, es divino el proceso de conquistar.
En fin, apago mi cerebro. Cada vez nos ponemos más pedos, ella es de gustos musicales bastante vulgares. La miro y comienza a devolverme la mirada, no la baja, eso me hace imaginar que también lo piensa, tengo facilidad para identificar esos mensajes. Son como un baile, sobre todo cuando conquistas a partir de la vista, es poderoso el mensaje del silencio.
Nuestros amigos no ponen atención, pienso que podría jugármela y digo su nombre en voz baja, ella me observa, me decido y toco sus piernas. Le digo que vayamos al baño, me acompaña, la recargo en la pared y la beso. Me responde las caricias, paso mis manos por su cuerpo y me detengo en sus senos, ella también me besa, entrega su lengua. Estoy muy excitado, pero me detiene.
Andrea, también tiene alguien en su vida, pienso que es significativo, por eso no se arriesga a seguir nuestro pequeño escarceo, nuestros amigos duermen en la sala, la dejo dormir en un sillón, me tiro al piso y me pierdo.
Sueño que me encuentro en la nada, está obscuro, me traga el vacío, la infinita ansiedad me carcome, es un sentimiento fuerte, desolador, de pronto caigo sobre un suelo firme. Estoy en una casa, que al parecer es mía, veo a Mariana, está cocinando, está leyendo, está cuidando a un niño, está cantando, del espejo de la habitación emerjo, aunque me siento diferente, la abrazo, le hablo bonito, ella actúa tiernamente. De pronto suena un celular, lo busco en mi bolsillo por inercia, Mariana me lo quita de las manos, ve un nombre y se enfurece, comienza a brotar una niebla de su boca, me quedo mirando sorprendido, siento como si el suelo ya no estuviera debajo de mis pies, otra vez la nada.
Ambos nos despertamos al mismo tiempo que los demás. Seguimos con la borrachera, miro a Andrea de vez en cuando, hablo mucho, hora tras hora, converso, fumo mota, mis amigos se ríen, ponemos música. Sin embargo ella parece agotada, ausente. Estoy pedo de nuevo, comienzo hablar de Mariana, de la razón por la que no me voy a vivir a su lado, jodidamente no puedo dejar de engañarla, también se lo he explicado a ella miles de veces. Les platico que Mariana es una tempestad, es inteligente, paciente, me cuida, me procura, me acompaña en la vida. Hablo en voz alta de la inseguridad de Mariana, tiene unos celos que la hacen quemarse por dentro.
Salimos a comprar más tequila, seguimos bebiendo, hasta las tres de la mañana. Nos dejan solos en la obscuridad. Andrea se recuesta en un sillón, me acerco a ella y le tomo las manos, las beso, las muerdo, su primer reacción es decir que no, que están nuestros amigos en la otra habitación, se podrían dar cuenta. La intento besar y me rechaza, la tomo de las manos, su toque es muy suave y aparte su olor, me acerco a olerla, ella me aleja, después de dos días su olor natural es evidente y aun así es delicioso, le digo que me gusta, la toco mientras respiro hondo su piel tersa. La veo detenidamente, su rostro, sus ojos, la beso, le digo palabras tiernas, me pregunta ¿a qué huelo?, la olfateo, le digo que es como un durazno, paso mis manos por sus senos, los aprieto descuidadamente, mi corazón late fuerte. Decide que paremos y le digo que algún día me gustaría hacerle el amor.
En la mañana, Andrea y yo no conversamos gran cosa, pero le pregunto si estamos bien y me contesta que sí. Nos despedimos rápido y cada uno se va por su lado, sin pedirnos nada, sin exigirnos nada, me siento ligero.
Llego al trabajo y veo a Mariana, sigue enojada, la contentaré, es algo que ya ha pasado antes, conozco el camino me lo sé de memoria. Ella es la persona con la que considero que podría estar en la vida. Por eso le hablo como si no pasara nada, le platico mi sueño, fui testigo de cómo los celos te salían de la boca en forma de una niebla. Me ignora y dice que me ama infinitamente, pienso que prefiero la ansiedad de la caída libre a comparación de la sensación que me genera cuando declara esas cosas, sin embargo una vez más, apago mi cerebro, me miento a mí mismo y le digo discúlpame Mariana, no perderé ni un solo día para estar contigo, aunque es mentira.
