Dolores como síntomas


Dolores, te llamarás así porque no tienes solo un nombre. Tienes que ser más inestable, grosera, evasiva, sofocante para que te escuchen, los que saben.

Categóricamente eres una persona ágil. Pero en el fondo eres inusual. Me gustaría tomarte por sorpresa y hacerte menos. Decirte las cosas de frente y que de repente tu hermoso rostro, se paralice y llore.
Dolores, eres lo único que tengo. Por tu corazón de piedra. ¡Maldita! Muy tarde se comprende lo mucho que se necesita, como una droga. Sin embargo tú no eres la que me va a salvar. Más bien todo un dolor de cabeza descomunal.

Nadie te va a poder amar, decían y al final sí pudieron quererme. Y trastocar todo mi ser hasta dejarlo roto. Me colocaron un nombre, me ordenaron cierto comportamiento, siempre negué la necesidad de hacerlo. No quiero y me voy a ir, porque yo lo digo.

Dolores, fueron mejores los años en los que no te nombraba,  si en algún momento quería tener la oportunidad de mirarte fijamente y decirte cuanto te necesitaba, ese momento se esfumó. Porque eres evasiva como un animal, perdido. Nunca dejas que te tenga. Si no entiendes mi agonía, entonces no te puedo querer, me dije y te dije.

La mitad de las personas piensan que pueden decirme como sentir. Debido a que se sienten tan infelices con ellos mismos. La Soledad es muy dura. Pero yo también tengo lo mío. Soy egoísta, doy, como quito. La paciencia debería ser mi amiga. Pero los que me amaron nunca comprendieron esa desazón que provoco en quien me quiere. 

Dolores, eres brisa fresca en atardeceres impunes. Cuando estaba agonizante me dejaste tirado. En medio de la nada, sudando por la fiebre, te fuiste lastimera y no me miraste.

El escuchar no es una de mis cualidades, más bien me gusta dar, una y otra vez, estar en ese punto en el que me convierto en síntoma, no en continuidad. Me gusta dar todo lo que puedo. Cuando me voy, ya no tengo nada, esa es mi mayor anhelo, puedo y soy muy complaciente, acompaño un rato. Después simplemente me evado.

Ayer tomé mi medicina, Dolores.

¡Adiós amor, me voy!

Un museo de grandes novedades


Un museo de grandes novedades.

Repetimos, siempre repetimos lo mismo, es como si no aprendiéramos de la historia. La soledad, es algo que no podemos ni pensar y entonces buscamos a quien asirnos, para no estar solos. Te conocí un día, no seguramente no lo hice. Tampoco ahora, aunque pueda saber que vas a hacer, conozco los gestos, los nervios, la tristeza. Te tenía idealizado en mi mente eras la persona que debía estar conmigo, toda la vida soportando mis estupideces. Cuando te reencontré supe que estaba en un camino difuso de convulsiones crónicas. Sabía que íbamos a hablar pendejadas y seguramente confirmaría mis sentimientos. De deseo, pero también de miedo. No estábamos ninguno de los dos en la mejor posición. Estábamos atolondrados por la novedad. Éramos los mismos, pero ya no tanto. Nos alabábamos entre nosotros -que si ya eres diferente-, -que si cambiaste de cierta manera-. No podíamos aceptar que la habíamos regado por completo. Yo quería jugar con mis sentimientos, negar un poco mi realidad, tú querías también tomarme por sorpresa, mirarme, decirme que la regaste, hace mucho. En ese momento de antaño, yo también resguarde mis heridas, las viví en verdad, estaba jodida completamente, pero eso te alejo más. No me arrepiento, momentos felices vivimos separados. Actualmente estoy convencida que los seres humanos, no podemos estar solos, somos seres gregarios, necesitamos a los demás, sin duda digo muchas obviedades. Queremos el afecto de los otros, aunque no sea lo más adecuado, aunque nos lastime y lastime a nuestros seres cercanos. Tus palabras son intoxicantes me dejan volar un rato. Pensar en las posibilidades de algo diferente. No en algo que necesariamente tiene que hablar de tu persona conmigo. Sino de otros conmigo. ¡Alto! me digo, esto no puede ser. Acuerdos, aunque duelan, aunque veas que la otra persona que está contigo tampoco es feliz. Estaré sometida. Esquizofrénicamente voy a escapar a otros lados en mi cabeza y al final voy a regresar con los míos. Con los que quiero, con lo que no quiero, con los que tengo un conflicto, con los que amo y también con los que odio. Y tú vas a estar ahí, aunque me de miedo.

De un precipicio me tiré


 De un precipicio me tiré

El horizonte no es claro a veces uno comete errores en las cuentas. Sin duda. Pero cuando hay un dejo de extrañeza en la mirada de la persona que elegiste. Lo notas. Lo noté en ese momento, el silencio, la incertidumbre de quien se ve cuestionando y entonces me di cuenta. Leí su inseguridad, lo conozco, conozco su mirada, el gesto fingido al ignorar las palabras pronunciadas. Me sorprendí tanto que no dije nada, me quede como una tumba. Pero en el fondo, algo se quebró dentro de mí. Y la incertidumbre de la posibilidad de perderte se hizo tan nítida. Estúpida, real, seca. Entonces cuando duermes, te espío y no eres el mismo. Te miro dormir. Me acerco a la fuente del saber. El que busca encuentra. Lo estoy leyendo en realidad. ¿Una amistad? Lo dejo en su lugar. Quiero llorar, lloro, lejos en otro lugar, dónde tú no puedas verme. ¿Engañada? Lo mismo da. No haré nada. Me quedaré observando cómo te vas. Tengo miedo, pero no te voy a enterrar conmigo. 

A lo lejos canta.... de un precipicio me tiré, oh! no existe el amor, no existe el amor, oh!, cuando le buscas siempre fuera de ti, me dices que soy un ser especial, pero me haces sentir como un vil souvenir.  Mejor así sin engaños, ni mentiras...