Lo que no fue no será

Lo sé, lo bueno es un artilugio, un suspiro que se agota en cuanto el efecto se va; los instantes son un misterio, ayer la memoria te sonreía y hoy te ignora. Lo sé, lo bueno ya no importa, por eso recoge los pedazos y no mires atrás.

Residuos de una locura

Quiero escribir algo. Me siento de la fregada. con las cosas del exterior. Puto mundo invisible. Estoy segura que no puedo medir todas las cosas. Entre más cierro los ojos para dormir, pocas veces sueño algo agradable. Estoy apunto de creer, que nada es real. Necesito correr muy lejos. Para llegar a algún lado, cero real. Fumar o beber, y aceptar lo que tenga que venir. Que haces cosas y que en realidad no haces nada de provecho. Un puto año más. Extrañando a los extraños. Sabiendo lo qué es  la soledad. Que elegiste mal. No eres muy inteligente después de todo. Vas a perder. Llegarás a un lugar obscuro. No vas a saber decidir bien. Vas a avanzar mucho a ningún lugar. Por poco me voy a ir a muchos lugares. Sonreír aunque no lo sientas, por favor haz lo que te digo. Callar cuando es necesario. Nunca.

La sangre no es eterna

Fumamos.
Me cortaste una vena
De mi mano
Llena de henna.

Nadamos,
por la calle vacía.
La sangre dibujó la vía
de la escapada triunfal.

Ese día,
Fuiste la sirena
Que dormía
En la arena
Sideral.

Cuando nos amamos
Yo fui un simple humano
Frágil y terrenal.

Pero la sangre no fue en vano,
Nuestra unión no fue eterna
Y hoy, nos olvidamos.

Telequinesis

Estábamos en la barra. No necesitábamos hablar con nadie. Tampoco amigos. Me tomé un trago de mezcal y miré fijamente el cuadro que se encontraba colgado en la pared a un costado tuyo. Eras diferente, pensé. Me levanté decidido a caminar hasta el otro lado de la barra para hablarte. Pero estaba muy borracho y al hacer el intento tambaleé. No hice nada. Intenté hacer contacto visual. Leí en alguna revista que puedes hacer telequinesis con las personas que te atraen. Empecé a pensar en eso, en la telequinesis, me imaginé diciéndote unas palabras que leí en otra parte. Hacer eso te podría hacer sonreír. De repente te comenzaste a mover, parecías flotar como las nubes. Interpreté que bailabas. Aunque la música en ese bar me estresaba. Observé que veías mucho tu celular, me imaginé entonces mandándote un mensaje que te descolocaría totalmente: te estoy mirando fijamente, tienes un vestido azul y flotas. Seguí bebiendo unos mezcales, trago tras trago, seguías mirando tu celular. Entonces pensé que te habían dejado plantada. Era mi oportunidad, aunque tambaleara, cuando empecé a caminar sentía que me caía de borracho, sin embargo, tú dejaste la copa, y sin despegar la mirada del celular saliste del bar, justo cuando yo llegaba a tu lugar. Miré la barra y había una servilleta que decía: Hostigarme mentalmente de esa forma y no dirigirme la palabra está muy mal, te dejo mí número de celular háblame cuando se te baje…

De izquierdas, libros y demás

Podría ponerle a éste post un nombre rimbombante como “En defensa de las izquierdas” (tal como lo harían los clásicos), sin embargo no estoy a ese nivel de capacidad discursiva.

Empezaré por comentarles que debido a que soy una sujeta histórica, me es necesario posicionarme en algún punto de la balanza imaginaria, en la cual todos (los luchadores sociales) nos paramos para medirnos frente al otro, y de ahí poder expresar mejor las ideas.

Y destacaré que escribo, porque tengo un amigo que me compartió una reflexión, dónde logró responderse ¿por qué él no es de izquierda? En su escrito da entender, que todas las luchas de la izquierda política, se pueden meter en un licuadora y mezclarse tanto, que no podemos distinguirlas entre sí, ni posicionarnos desde un lugar llamado izquierda sin quedar embarrados por el lado recalcitrante, determinista, evolucionista y autoritario. Llegando a la conclusión de que su única opción es abrazar al nihilismo y de ahí dedicarse a develar las grandes mentiras de la izquierda y la derecha (obvio él lo redactó de una forma más compleja).

Como esto es un post para el blog, pues no quiero caer en analizar historiográficamente algún movimiento autodenominado de izquierda, ni siquiera voy a ponerme academicista (aunque sí diré mis fuentes). Por ello hoy, elijo hablar de mi persona (no en un afán narcisista), sino porque es la historia que conozco a la perfección y yo políticamente me coloco en la parte izquierda de la balanza, tal como mi corazón (cursilería).

Hablar de mí, es sin duda, hacer un ejercicio de permitirme mostrarme y separar las hebras de la madeja que es mi vida. Como varios de mi generación, yo soy producto de la unión de unos hippies, que vivieron su juventud en los años setenta. Tanto así que yo llevo el nombre de una revolucionaria cubana y mi hermano gemelo se llama Ernesto. Mi papá en su juventud perteneció a un partido trotskista, creía firmemente que a la Revolución Rusa le faltó una revolución cultural, odiaba a Stalin y era un activista al que sus compañeros le apodaban “El Chivo”. Mientras mi madre cuando iba en la secundaria, fue llevada por mis tíos a la manifestación del 2 de octubre del 68, y salió viva porque en la desesperación su hermana la tiró al suelo, mientras algunas personas caían muertas por las balas que disparó el gobierno autoritario priista.

Lo anterior podría hacer pensar al lector que mi giro a la izquierda fue producto de sus locuras de juventud, en parte sí, sin duda la vida de mis padres es parte de la historia transgeneracional que comparto con mi hermano (y si me pongo dramática soy sangre de su sangre).

Pero, yo en lo particular atribuyo mi incipiente formación política/ideológica,  a que ambos son unos empedernidos acumuladores de libros, y que para bien o para mal, la mayoría del tiempo no nos supervisaban. Desde muy pequeña (8 años) empecé a leer novelas y poesía latinoamericana, lo cual me llevó a conocer historias trágicas, sobre tempestuosas relaciones sexuales, sobre condiciones de vida difíciles, migración, pobreza, violencia, abandono, incesto, guerras civiles, homosexualidad, drogadicción, matrimonio, infidelidad, prostitución, noviazgos, amor romántico, asesinatos, alcoholismo, venganza, lucha social, machismo, celos, muerte, felicidad, clases sociales, hacendados, campesinos, fantasmas, magia, etc. 

Me metía a la biblioteca de la casa, que era una bodega desordenada y buscaba qué leer, como sabía que mi padre se encabronaba si tocábamos sus cosas, yo exploraba cuando no estaba, con un sentimiento de ansiedad porque sabía que estaba prohibido y que me pegaría si algo le pasaba a sus libros.

Un autor latinoamericano que me impactó a mis 10 años fue Benedetti, no por su posición política, porque a esa edad no tienes ni puta idea de qué fueron las dictaduras en América Latina, ni siquiera de qué significa conceptualmente el exilio. Leí Andamios una novela que habla sobre  desencuentros, me generó más dudas que certezas, evidentemente, pero algo pasó al leerla, y es lo siguiente: esos personajes totalmente contradictorios, llenos de claros oscuros, de dudas ante el amor, ante sus decisiones,  ante el desexilio, eran tan imperfectos como yo. Benedetti era un artista para describir el sentimiento de extravío (en esos años yo sufría de ese mal, creo que hasta ahora).

Seguí leyendo novelas no solo latinoamericanas, a los 14 años leí una historia que me pegó un duro golpe, se llama Hotel Sarajevo de Jack Kersh, ahí el autor habla sobre las consecuencias de la primera guerra mundial, la novela se desarrolla en Bosnia y la protagonista Alma es una niña de 13 años que junto con varios adolescentes se refugian de las bombas entre los escombros del Hotel. Fue una lectura impactante porque nunca había imaginado en ningún sentido los horrores de la guerra. Alma se enamora de Luka el líder de la comuna e inician un idilio adolescente que (evidentemente) termina en muerte.  Nunca me consideré alguien madura para mi edad, leía estas cosas en soledad, difícilmente compartía esto con mis amigos o con mi familia. Ese libro me produjo un despertar ante el dolor, lo que también sentí al leer  El diario de Ana Frank, supe que entre países se mataban por diferencias ideológicas, económicas y políticas.

Recuerdo que leía mucho, me obsesionaba conocer esos otros mundos y a nuevos personajes, lo hacía porque ahí encontraba respuestas para todo lo que se me podía ocurrir, desde niña sufrí insomnio, y ante eso: leía y escuchaba música muy bajito, para que no se dieran cuenta que seguía despierta. La mayoría de las veces descubría que las historias eran trágicas, que había diferencias de clase que dolían, pero que había personas dispuestas a dar la vida por defender sus creencias, inclusive a enfrentar el poder. Un libro que me encantó fue Don Quijote, me permitió reflexionar sobre la locura, aún hoy mientras leo algo de Foucault, no puedo evitar relacionarlo con la prosa de Cervantes ¿la locura libera al sujeto de la biopolítica?

Mi contacto directo con la izquierda revolucionaria fue a los 16 años cuando leí la biografía de Ernesto Guevara de Pacho O’Donnell, al conocer la historia del Che sus claros oscuros y su convicción ante la lucha social, la entrega revolucionaria, pero también al hombre débil, enfermo, con contradicciones, me produjo admiración, pero también me inyectó la duda teórica, ¿quiénes eran Lenin, Marx, Engels, Trotsky y Mao?

Comencé a leer libros teóricos sin entender absolutamente nada, decidí para aquellas épocas  renegar de la vida. Asistía a una escuela de monjas y necesitaba de forma imperante tener armas para cuestionar a Dios, porque me cagaban los imperativos, las normatividades y ellas eran todo eso que odiaba, entonces leí a Nietzsche específicamente La Genealogía de la Moral ahí entendí perfectamente algo: a todos se nos educa para estar sometidos.

Y eso, justo eso es lo que problematiza Foucault, existen una serie de instituciones que juegan con los discursos, y a su vez hacen dispositivos que se colocan en el cuerpo de los sujetos. Los discursos son utilizados para justificar la existencia de las instituciones, sin embargo no son estos los que dominan, sino los dispositivos actuando a través de las relaciones de poder que sostenemos entre sujetos. El filósofo  también explica que se pueden generar prácticas éticas que nos liberen de esos dispositivos de poder y dominación.

Recuerdo ahora la clase que alcancé a tomar con Bolívar Echeverría, la del capítulo 5 de El Capital, ahí nos explicó como en un principio el humano se identificaba con lo que modificaba en la naturaleza, por eso, los mitos fundacionales siempre están llenos de referencias de materiales modificados por el hombre: el barro, la arcilla, la madera, etc. Él en específico puso el ejemplo de los hombres del maíz, en nuestro historia es muy clara la forma en la cual nos identificábamos con la naturaleza, que nos daba la vida, inclusive en el olor significábamos unidad con el maíz.  También el profesor explicaba que en la modernidad los seres humanos somos como un Golum, no tenemos historia a la cual asirnos, despojados de todo contenido, estamos tan alejados de la naturaleza que no podemos reflejarnos en ella, ni en otros. 

Marx explica desde el materialismo histórico, como en el sistema capitalista de producción la mercancía adquiere plusvalía gracias a los obreros explotados, entre más maquinas existan menos plusvalía, porque es el desgaste de la fuerza de trabajo la que produce riqueza. En el capitalismo los obreros despojados de los medios de producción, solo tienen su fuerza de trabajo para vender a la burguesía que son los que poseen las fábricas.

Marx también dijo que la única posibilidad de pasar a otro modo de producción, era por medio de una revolución violenta, dónde se tendría que destruir todo lo que actualmente conocemos, para dar paso a lo nuevo. Aunque también reitera que como en todo proceso dialéctico: la semilla del cambio está depositada al mismo tiempo que el nacimiento del sistema. Y esa revolución no se dará gracias a una toma de conciencia de la clase obrera.

La razón por la cual Marx hacía énfasis en la lucha de clases, es evidente, la clase explotada sería la clase social que destruiría al capital, porque la burguesía por su condición de clase no aceptará el cambio, porque ello, implicaría renunciar a sus privilegios. Algo que aprendí es que Marx quería hacer énfasis en que el capitalismo no era algo dado, inherente a la naturaleza humana, como regularmente se quiere hacer creer a las personas, que somos seres egoístas que solo velamos por un interés liberalista, sino que quería usar la historia para demostrar que otros mundos fueron y son posibles. No encuentro ningún dogmatismo estéril en Marx, inclusive nos da la posibilidad de imaginar ¿qué mundo nuevo traerá consigo la semilla del cambio?

 Los intelectuales panfletarios de la izquierda revolucionaria socialista y comunista, regularmente han mal leído a Marx y han promovido una idea falaz, de que la historia va por fases y que pasaríamos al comunismo impulsando la revolución, que la clase obrera tenía que dar la vida y que quienes no eran obreros se unirían por solidaridad y en contra de la burguesía.

Inclusive esa mentira es tan grande, que el propio Marx siempre dijo desde los principios materialistas que no era culpa de la burguesía en sí tener los medios de producción,  era una cuestión de la estructura que se organiza con base en la explotación. No hay buenos, ni malos, solo un sistema cruento que sirve para producir riqueza monetaria y que no nos permite ser seres humanos.

Reconozco que existe una izquierda de discursos estériles, que nos llevan a quemar las naves, por eso yo vuelvo a Foucault, él hablaba de personas que no se sometían, que eran “anormales”; “enfermos”, “delincuentes”, “monstruos”, los “inadaptados” en los cuales los dispositivos no actúan de la misma manera, ellos eran metidos en cárceles, hospitales psiquiátricos, eran excluidos de la sociedad y señalados. En la sociedad las relaciones de poder, que ejercemos uno a uno, cuando juzgamos, cuando educamos, cuando medicamos, cuando negamos quiénes somos, es la forma en la cual se reproduce el sistema del poder, el gran hermano ya no es necesario, cuando tenemos a miles controlando en razón de que un discurso dijo que poseía el monopolio de la verdad y de la realidad.
¿Esas irregularidades que surgen en el sistema serán expresiones de la semilla del cambio? Esas personas de carne y hueso, que contra todos los pronósticos cuestionan a los poderes autoritarios que les dicen que no encajan. Foucault analizó la sexualidad, porque era un campo muy efectivo para comprobar su metodología que desarrolla en la Arqueología del Saber.

La mayoría de los personajes que conocí cuando era niña, fueron producto del boom latinoamericano. Las historias eran muy realistas, de personas comunes y corrientes, que se enamoraban, que sufrían, que hacían pendejadas y violentaban al otro debido a fines egoístas, pero siempre había alguno que se salía de la regla de la realidad. El realismo mágico, también nos da la posibilidad de mirar la existencia de esos sujetos irregulares, de los que habla Foucault, esos niños con cola de cerdo y niñas que podían ver fantasmas o eran pitonisas.

Soy de izquierda,  porque entiendo y me horroriza como el sistema nos aliena de la posibilidad de identificarnos con los otros, la mayoría de las personas viven más preocupadas por juzgar a un movimiento, que por ayudar solidariamente ante una desgracia humanitaria. Soy de izquierda porque veo todos los días a los cientos de personas “inadaptadas” que son la expresión de la semilla del cambio. Soy de izquierda no para imponer un discurso, sino para resistir a los embates crueles del capitalismo salvaje y desde la resistencia visibilizar que el cambio ya está entre nosotros. 

A veces brillabas


Brillas y brillas tan lindo y brillamos juntos entre pestañas divina, divina sonrisa abrazo de luna, de luna llena

Los momentos esquizofrénicos eran los más creativos, las escenas macabras que pintabas, todos esos cuerpos mutilados, la pintura que más me inquietaba, era una que por alguna razón no terminabas, una mujer en una tina llena de sangre, pero le faltaba el rostro. Esa pintura estaba en el caballete de nuestra habitación, nunca la movías, ni siquiera la mirabas, tenías otro caballete en la sala dónde trabajabas.

Y a veces brillabas, estabas parada en el umbral de la puerta, no dijiste nada que pudiese darme una respuesta a mi petición. Me entregué a ti desesperado, me abalancé sobre tu cuerpo, temblaba. Todo el tiempo busqué tu mirada, mientras te despojaba de tu falda. La penetración fue un acto fallido, porque ya no estabas. Intenté atraerte, me sentí extraviado. Tu piel siempre suave, tus piernas largas, blancas, demasiado excitante, me rebasabas.

Terminé con una exhalación tan fuerte y confusa, en el suelo de la habitación, -no sé lo que piensas, nunca-.  Me sentí de la chingada. –No llores- dijiste. Pero el llanto inundaba mi rostro, un hombre que llora –demonios-, no cuestioné ningún privilegio para llegar a eso. Te amaba y lloraba como un niño extraviado, la obscuridad empezó a avanzar desde la ventana.Miré el cuarto, estaba semivacío.

Cuando nos mudamos al depa, lo llenamos de libros, de objetos, de chacharas. Me sentí dichoso a tu lado, pensé en tu sonrisa, cada vez que disparaba la cámara.  Tu cabello rizado, castaño, cuando te levantabas por las mañanas eras siempre una confusión, después de un tiempo las pastillas, la esquizofrenia. Eras tan locuaz, -la locura es una prerrogativa de los artistas- pensaba… El caballete con la puta pintura, era lo único que no te habías llevado.

Lloraba porque me sentía despojado de todo, de ti. Me levanté y fui a la cocina por mi copa de vino, estaba sediento y asqueado; quería decirte que no era necesario vivir tu ausencia, por el contrario necesitábamos más tiempo para estar juntos. Te levantaste y empezaste a fumar, tranquila, era por las pastillas, te quitaban el brillo de los ojos. Me serví más vino, -no huyas, no te esfumes- recité. Pero no lo decía en serio, estaba mintiéndote, porque yo no podía estar contigo, en ningún estado, ni de locura, ni de ausencia. El acuerdo era que te dejaba ir, si tomabas las putas pastillas… Y lo hiciste, porque te quemabas por dentro, porque ya no pintabas, porque las voces te decían que corrieras lejos.

Me acuerdo cuando te conocí, en tu primera exposición, en esa galería de la Roma, puros hipsters y yo un fotógrafo, bohemio, blasfemo y ateo, te divisé entre tus cuadros macabros, no entendía, cómo todo eso había podido salir de ese cuerpo, te tomé una fotografía.

Después muchas más, tantas que ya no podía sacarte de mi cabeza. La esquizofrenia es una compañera difícil, incoherente, cuando estabas en ese estado, eras un sube y baja de emociones, podíamos irnos en el coche a tomar por culo todo… y coger en la carretera desolada, o podíamos estar encerrados en el depa, sin luz, ni agua, ni nada, -porque venían por nosotros-, yo me dejaba arrastrar, porque te amaba. Y las fotografías estaban prohibidas, porque el flash de la cámara te robaba el alma. 

Tengo muy presente que ese día hacía mucho calor, tanto que había puesto el ventilador nuevo que no había querido estrenar porque me había costado un chingo de varo. Te sentía a mi lado, esa noche tardé tres horas en hacer que durmieras, -las malditas voces en tu cabeza- Me fui quedando dormido, y de repente sentí la punzada, por un momento no era tan fuerte, abrí los ojos de golpe, y te vi encima de mí, tenías un cuchillo en tu mano. Tomé tu mano rápidamente y forcejeamos, te grité que era yo. Estabas muy alterada, gritabas, llorabas confundida. Llamé a emergencias, me di cuenta que también sangrabas, balbuceabas –tenía que salvarme de mi futuro-. Te sedaron en el hospital. Lo mío pudo ser más grave, si hubieras encajado bien el cuchillo. Tus padres decidieron internarte en un hospital psiquiátrico, dónde ya te conocían.

Transcurrió medio año, en el que te visitaba, y no querías verme. Hasta que apareciste ese día fue un viernes, eran las seis de la tarde, traías una mudanza, la última vez, por teléfono, lo habíamos acordado, tomarías las putas pastillas. Lo único que quedaba era el caballete, con el cuadro macabro (el sábado acordamos que lo recogerías) y ahí estábamos, yo siempre llorando, tu siempre huyendo y brillando. 

-Escapemos juntos, yo te puedo cuidar- declaré, -conozco cuando mientes- me dijiste. Entonces balbuceaste algo que en ese momento no entendí, -me siento como una pitonisa griega, prediciendo el futuro-. La verdad lo interpreté como otra de tus locuras. No podía ser más humillante la escena, no tenía la clave para acceder a tu cabeza. –Me tengo que ir, mañana paso por mi cuadro- fueron tus palabras.

Pasó una semana y nada. Cuando fui a buscarte a casa de tus padres, me recibió la  muchacha, me miro extrañada –no sabe joven, pobre-. La niña se suicidó, la encontraron, en una tina llena de pintura roja y sangre. 

Llamarada

Yo misma no quiero distinguir el dolor. No te voy a exigir estar abierta a las sensaciones que perduran, que te llenan de incertidumbre, te conozco, te exalta, tendrías que tomar tus pedazos y armarlos. Verte sin ningún velo. Tener miedo a perder la cordura y estar en la nada existencial. Sabes que en algún momento vas a regresar, -no tengas miedo- me repito en mi cabeza, si logras ver, tal vez no sea tan grave, tan desolador; sin embargo no te puedo asegurar nada. Espera entonces, pánico, pánico, mi cerebro se aturde. No puedo continuar y respirar. Lo veo de lejos, es una llamarada, es el puro miedo, ¿soy cobarde? Polaridades, puedo sentir demasiado, puede arrastrarme un deseo, un idilio, sin embargo de repente la prótesis, que no deja que me doble demasiado. Entonces vuelvo a hacer un esfuerzo por desprenderla, me la quitaré, tal vez si veo, eso que enterré en lo profundo de mi memoria, aunque me destruya, aunque me confirme que la soledad fue mi aliada y que yo misma soy mi propia salvación. 

Ni un solo día sin ti

Cómo?