Estábamos en la barra. No
necesitábamos hablar con nadie. Tampoco amigos. Me tomé un trago de mezcal y
miré fijamente el cuadro que se encontraba colgado en la pared a un costado
tuyo. Eras diferente, pensé. Me levanté decidido a caminar hasta el otro lado
de la barra para hablarte. Pero estaba muy borracho y al hacer el intento tambaleé.
No hice nada. Intenté hacer contacto visual. Leí en alguna revista que puedes
hacer telequinesis con las personas que te atraen. Empecé a pensar en eso, en
la telequinesis, me imaginé diciéndote unas palabras que leí en otra parte. Hacer eso te podría hacer sonreír. De repente te comenzaste a mover, parecías
flotar como las nubes. Interpreté que bailabas. Aunque la música en ese bar me
estresaba. Observé que veías mucho tu celular, me imaginé entonces mandándote un
mensaje que te descolocaría totalmente: te estoy mirando fijamente, tienes un
vestido azul y flotas. Seguí bebiendo unos mezcales, trago tras trago, seguías
mirando tu celular. Entonces pensé que te habían dejado plantada. Era mi
oportunidad, aunque tambaleara, cuando empecé a caminar sentía que me caía de borracho,
sin embargo, tú dejaste la copa, y sin despegar la mirada del celular saliste
del bar, justo cuando yo llegaba a tu lugar. Miré la barra y había una
servilleta que decía: Hostigarme mentalmente de esa forma y no dirigirme la
palabra está muy mal, te dejo mí número de celular háblame cuando se te baje…
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