Yo misma no quiero distinguir el
dolor. No te voy a exigir estar abierta a las sensaciones que perduran, que te
llenan de incertidumbre, te conozco, te exalta, tendrías que tomar tus pedazos
y armarlos. Verte sin ningún velo. Tener miedo a perder la cordura y estar en
la nada existencial. Sabes que en algún momento vas a regresar, -no tengas
miedo- me repito en mi cabeza, si logras ver, tal vez no sea tan grave, tan
desolador; sin embargo no te puedo asegurar nada. Espera entonces, pánico, pánico,
mi cerebro se aturde. No puedo continuar y respirar. Lo veo de lejos, es una
llamarada, es el puro miedo, ¿soy cobarde? Polaridades, puedo sentir demasiado,
puede arrastrarme un deseo, un idilio, sin embargo de repente la prótesis, que
no deja que me doble demasiado. Entonces vuelvo a hacer un esfuerzo por desprenderla,
me la quitaré, tal vez si veo, eso que enterré en lo profundo de mi memoria,
aunque me destruya, aunque me confirme que la soledad fue mi aliada y que yo
misma soy mi propia salvación.
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