Nunca he sido constante al escribir en un blog, no prometo serlo, sin embargo, terminé éste cuento y creo que podría ir bien como una presentación de la "Tierra Entintada", de la tierra libre mía.
LA CANCIÓN DESESPERADA
Hola, ¿cómo haz estado? Le contesté a Mara. Ella con su voz alegre me dijo que estaba bien, que le gustaba escucharme después de un tiempo de no saber nada de mí. Aunque sea por teléfono dijo. Recordamos el pasado, cuando íbamos a la preparatoria de monjas y siempre nos saltábamos las clases para ir a tomar una cerveza al parque que estaba a dos cuadras del colegio. En ese entonces nos gustaban las mismas cosas y éramos como uña y mugre.
Me contó que ya no trabajaba de mesera en un bar gay de la zona rosa y que ahora estaba laborando como cajera en un banco. La escuche un poco triste, por la situación económica difícil en la que vivía, se quejo de la renta excesiva de su departamento.
Marita, como le decía yo, siempre la tuvo muy difícil, la echaron de su casa después de que terminamos la preparatoria, porque sus padres no aceptaban que fuera gay.
Cuando terminó de contarme sobre su vida, le hablé de mis viajes despilfarrando el dinero que mis padres me daban para estudiar Derecho en la IBERO y que no me arrepentía de haberme salido de la casa y de dejar esa carrera repulsiva. Le conté que ahora vivía en una “casi comuna” junto con mis compañeros de viajes y de pedas. Le platique de mis aventuras por la república y de las condiciones de miseria de muchos pueblos campesinos y comunidades indígenas en México. Fui a Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Campeche, Yucatán, quisiera describirte a detalle, tantas cosas que me cambiaron la visión “cuadrada de citadina ingenua”.
Ella me contestó- que sabía que al final nunca terminaría de estudiar derecho- que no era para mis pulgas- se río divertida. Entonces le contesté con tristeza que - la mayoría de las personas con las que me tope en la universidad, buscaban sólo una satisfacción personal a través del dinero, eran elitistas y etnocéntricos; - Yo no encajaba ahí-, siempre fui la rara y contestataria- Mara suspiro en el teléfono y pregunto sobre lo que hacía en ese momento –le contesté- Trabajo en la “radio rebelde”-, entre a un colectivo con unos compañeros de la UNAM, que estudian Estudios Latinoamericanos en FILOS; me gustaría estudiar Historia, estoy pensando en hacer mi examen. Pero en estos momentos estoy muy metida en lo de la radio-. Por ahora nuestros programas solo se transmiten por internet, pero pensamos lanzarnos al aire de manera ilegal, ya tenemos cabina y toda la cosa. Trabajamos en una bodega, de los papás de un compa, que no la utilizan. De manera algo inesperada Mara (o muy añorada por mi) me dijo- Me encantaría conocer tu nueva vida. Si quieres el viernes de la semana que entra nos vemos, puedes pasar por mi cuando termine mi trabaja de “esclava” en el banco. Está bien- le contesté- yo paso por ti, dime la dirección- y antes de que termináramos la conversación- le conté emocionada: ¡tengo un programa en la radio de música regge- le puse “Mi canción desesperada”!- siempre te gustó Neruda, ¿verdad Sofía? -Si Marita, siempre me gustó-. Entonces colgamos.
Me quede pesando en ella, Mara siempre fue hermosa, tenía unos ojos castaños preciosos y un cabello del mismo color. Recordé la última vez que nos vimos, fue en un antro, fuimos a festejar el cumpleaños de nuestro amigo de la prepa Carlos. Nos pusimos bien pedas y bailamos abrazadas. Ella tenía mucho pegue con los chicos, siempre la sacaban a bailar y coqueteaban con ella, aunque nunca les hacía mucho caso, lo de ella siempre fueron las mujeres, siempre la veía observarlas durante las fiestas, la única novia real que le conocí a Mara, se llamaba Paula, pero la dejo poco tiempo después de que entrara a trabajar de mesera al bar, Paula siempre le reclamaba que no le dedicaba mucho tiempo. Yo en cambio cuando íbamos a fiestas nunca era muy bailadora, me gustaba tomar cerveza y platicar con alguno que otro chavo. Mara en cuanto me veía sentada, corría tras de mí y gritando como españolita y me decía -Sofía que estás muy maja, deberías venir a la pista y bailar un rato conmigo- que chistosa se escuchaba con su acento español fingido, Entonces yo me paraba y bailábamos juntas, muy juntas.
Llego el día viernes y estaba nublado. Me la pase todo el santo día en la casa, peleando con Fernando (uno de mis compañeros de la “casi comuna”) porque no limpiaba el baño los días que le tocaban.
En la noche que llegué en el bocho por Marita, al Banamex. Ella me esperaba afuera del cajero electrónico, en cuanto me vio me abrazó y me dio un beso en cada mejilla. La observe no había cambiado mucho, aunque su cabello ahora estaba teñido de rojo, la edad le había acentuado sus ojos castaños y su uniforme de cajera la hacía verse muy madura. A manera de saludo le dije -Antes usabas la falda del colegio, como si fuera minifalda, y ahora mírate- toda una ejecutiva bancaria-,Y tú pareces un hippi de los 70´s y andas en un bocho que parece cascajo- me riño divertida.
Ya en el bocho puse a la radio que tocaba la Arrolladora y Mara empezó a cantar: “compárame, compárame en el corazón y dime en donde está tu corazón”… Cuando llegamos a la bodega, abrí despacio la cerradura, entramos, todo estaba oscuro y había un olor concentrado a humedad, prendí entonces la luces que apenas iluminaron el espacio, al fondo estaba la cabina improvisaba, la invite a pasar, prendí los aparatos, puse un poco de regge y pensé para mis adentros: que era una lastima que no hubiéramos pasado a comprar un six. La mire entonces, ella estaba recargada en una mesa, se veía firme. como si los años no hubieran pasado en balde. Ella curioseaba con la mirada, como lo hace una niña en un lugar desconocido y nuevo, entonces dijo – te acuerdas cuando nos besábamos en la sala de mi casa, cuando no estaban mis papás, según nosotras para ensayar cuando llegará nuestro príncipe. La mire y le dije que bailara como antes, ella empezó a bailar lentamente a mi alrededor, sentí un impulso suave que recorría mi cuerpo, en cuanto la tuve enfrente mío, la tome entre mis brazos,- le dije que no entendía como nunca habíamos estado, tan cerca como ahora, que en ese entonces hubiera sido lógico, éramos tan amigas. Mara me miro y puso su mando en mi boca en señal de que no quería que hablará, me besó y empezó a recorrerme con sus manos, tomo mi cintura, me pego hacia ella, acaricio mi espalda, yo estaba temblando, entonces me anime y la bese, ella me subió sobre la mesa y me quitó la blusa- la música de regge sonaba lenta embriagadora en ella retumbaban nuestros gemidos, en ese instante fui muy feliz y ella también lo fue, en ese instante mientras le hacía el amor también pensaba en los versos de Neruda:
"Ah mujer, no sé como pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. "
Me imagine también como éramos antes, las niñas bien de la preparatoria de monjas, que a veces se besaban y bailaban juntas, muy juntas. Yo sabía que amaba a Mara y sin embargo nunca se lo confesé, no en aquel tiempo adolescente, no en éste tiempo de vidas cambiantes y de crisis existenciales.
Después de ese episodio en la radio, nos vimos algunas veces más, hablamos de nuestras vidas miserables, de nuestra profunda amistad, pero no de amor. La lleve a la comuna, teníamos relaciones, pero ella, Mara, Marita siempre estaba distante; yo le dediqué muchas canciones en el programa, le escribí mil poemas; Sin embargo un día, se distanció, le marqué a su número varias veces y jamás me contestó. Por esos días de su desaparición, me dio por leer una y otra vez a Neruda, buscaba en él, el rastro de su cuerpo hermoso, que yo amaba y deseaba; a Mara, solo la encontré en un poema, en un verso:
“Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!”
Después de varios meses de no saber de ella, en mi condición de abandonada deje la “radio rebelde” (cuyo futuro era incierto y triste), deje también a la “casi comuna”; y como en los versos de Neruda sarpe de “los muelles en el alba” y llegue a una pequeña población indígena de la sierra oaxaqueña, estando ahí me uní a un proyecto de radio comunitaria. De Marita, lo único que supe por conocidos de la prepa, que ya no trabajaba en el banco, que se había enamorado de una mujer extranjera, que se había fugado con ella a otro país, que se encontraba lejos. De vez en cuando sueño con ella, en mis sueños Mara está en medio de una tormenta, yo la intento ayudar, pero como en los versos de Neruda: “todo el ti fue naufragio”.
“Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!"
FIN
Hola, ¿cómo haz estado? Le contesté a Mara. Ella con su voz alegre me dijo que estaba bien, que le gustaba escucharme después de un tiempo de no saber nada de mí. Aunque sea por teléfono dijo. Recordamos el pasado, cuando íbamos a la preparatoria de monjas y siempre nos saltábamos las clases para ir a tomar una cerveza al parque que estaba a dos cuadras del colegio. En ese entonces nos gustaban las mismas cosas y éramos como uña y mugre.
Me contó que ya no trabajaba de mesera en un bar gay de la zona rosa y que ahora estaba laborando como cajera en un banco. La escuche un poco triste, por la situación económica difícil en la que vivía, se quejo de la renta excesiva de su departamento.
Marita, como le decía yo, siempre la tuvo muy difícil, la echaron de su casa después de que terminamos la preparatoria, porque sus padres no aceptaban que fuera gay.
Cuando terminó de contarme sobre su vida, le hablé de mis viajes despilfarrando el dinero que mis padres me daban para estudiar Derecho en la IBERO y que no me arrepentía de haberme salido de la casa y de dejar esa carrera repulsiva. Le conté que ahora vivía en una “casi comuna” junto con mis compañeros de viajes y de pedas. Le platique de mis aventuras por la república y de las condiciones de miseria de muchos pueblos campesinos y comunidades indígenas en México. Fui a Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Campeche, Yucatán, quisiera describirte a detalle, tantas cosas que me cambiaron la visión “cuadrada de citadina ingenua”.
Ella me contestó- que sabía que al final nunca terminaría de estudiar derecho- que no era para mis pulgas- se río divertida. Entonces le contesté con tristeza que - la mayoría de las personas con las que me tope en la universidad, buscaban sólo una satisfacción personal a través del dinero, eran elitistas y etnocéntricos; - Yo no encajaba ahí-, siempre fui la rara y contestataria- Mara suspiro en el teléfono y pregunto sobre lo que hacía en ese momento –le contesté- Trabajo en la “radio rebelde”-, entre a un colectivo con unos compañeros de la UNAM, que estudian Estudios Latinoamericanos en FILOS; me gustaría estudiar Historia, estoy pensando en hacer mi examen. Pero en estos momentos estoy muy metida en lo de la radio-. Por ahora nuestros programas solo se transmiten por internet, pero pensamos lanzarnos al aire de manera ilegal, ya tenemos cabina y toda la cosa. Trabajamos en una bodega, de los papás de un compa, que no la utilizan. De manera algo inesperada Mara (o muy añorada por mi) me dijo- Me encantaría conocer tu nueva vida. Si quieres el viernes de la semana que entra nos vemos, puedes pasar por mi cuando termine mi trabaja de “esclava” en el banco. Está bien- le contesté- yo paso por ti, dime la dirección- y antes de que termináramos la conversación- le conté emocionada: ¡tengo un programa en la radio de música regge- le puse “Mi canción desesperada”!- siempre te gustó Neruda, ¿verdad Sofía? -Si Marita, siempre me gustó-. Entonces colgamos.
Me quede pesando en ella, Mara siempre fue hermosa, tenía unos ojos castaños preciosos y un cabello del mismo color. Recordé la última vez que nos vimos, fue en un antro, fuimos a festejar el cumpleaños de nuestro amigo de la prepa Carlos. Nos pusimos bien pedas y bailamos abrazadas. Ella tenía mucho pegue con los chicos, siempre la sacaban a bailar y coqueteaban con ella, aunque nunca les hacía mucho caso, lo de ella siempre fueron las mujeres, siempre la veía observarlas durante las fiestas, la única novia real que le conocí a Mara, se llamaba Paula, pero la dejo poco tiempo después de que entrara a trabajar de mesera al bar, Paula siempre le reclamaba que no le dedicaba mucho tiempo. Yo en cambio cuando íbamos a fiestas nunca era muy bailadora, me gustaba tomar cerveza y platicar con alguno que otro chavo. Mara en cuanto me veía sentada, corría tras de mí y gritando como españolita y me decía -Sofía que estás muy maja, deberías venir a la pista y bailar un rato conmigo- que chistosa se escuchaba con su acento español fingido, Entonces yo me paraba y bailábamos juntas, muy juntas.
Llego el día viernes y estaba nublado. Me la pase todo el santo día en la casa, peleando con Fernando (uno de mis compañeros de la “casi comuna”) porque no limpiaba el baño los días que le tocaban.
En la noche que llegué en el bocho por Marita, al Banamex. Ella me esperaba afuera del cajero electrónico, en cuanto me vio me abrazó y me dio un beso en cada mejilla. La observe no había cambiado mucho, aunque su cabello ahora estaba teñido de rojo, la edad le había acentuado sus ojos castaños y su uniforme de cajera la hacía verse muy madura. A manera de saludo le dije -Antes usabas la falda del colegio, como si fuera minifalda, y ahora mírate- toda una ejecutiva bancaria-,Y tú pareces un hippi de los 70´s y andas en un bocho que parece cascajo- me riño divertida.
Ya en el bocho puse a la radio que tocaba la Arrolladora y Mara empezó a cantar: “compárame, compárame en el corazón y dime en donde está tu corazón”… Cuando llegamos a la bodega, abrí despacio la cerradura, entramos, todo estaba oscuro y había un olor concentrado a humedad, prendí entonces la luces que apenas iluminaron el espacio, al fondo estaba la cabina improvisaba, la invite a pasar, prendí los aparatos, puse un poco de regge y pensé para mis adentros: que era una lastima que no hubiéramos pasado a comprar un six. La mire entonces, ella estaba recargada en una mesa, se veía firme. como si los años no hubieran pasado en balde. Ella curioseaba con la mirada, como lo hace una niña en un lugar desconocido y nuevo, entonces dijo – te acuerdas cuando nos besábamos en la sala de mi casa, cuando no estaban mis papás, según nosotras para ensayar cuando llegará nuestro príncipe. La mire y le dije que bailara como antes, ella empezó a bailar lentamente a mi alrededor, sentí un impulso suave que recorría mi cuerpo, en cuanto la tuve enfrente mío, la tome entre mis brazos,- le dije que no entendía como nunca habíamos estado, tan cerca como ahora, que en ese entonces hubiera sido lógico, éramos tan amigas. Mara me miro y puso su mando en mi boca en señal de que no quería que hablará, me besó y empezó a recorrerme con sus manos, tomo mi cintura, me pego hacia ella, acaricio mi espalda, yo estaba temblando, entonces me anime y la bese, ella me subió sobre la mesa y me quitó la blusa- la música de regge sonaba lenta embriagadora en ella retumbaban nuestros gemidos, en ese instante fui muy feliz y ella también lo fue, en ese instante mientras le hacía el amor también pensaba en los versos de Neruda:
"Ah mujer, no sé como pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. "
Me imagine también como éramos antes, las niñas bien de la preparatoria de monjas, que a veces se besaban y bailaban juntas, muy juntas. Yo sabía que amaba a Mara y sin embargo nunca se lo confesé, no en aquel tiempo adolescente, no en éste tiempo de vidas cambiantes y de crisis existenciales.
Después de ese episodio en la radio, nos vimos algunas veces más, hablamos de nuestras vidas miserables, de nuestra profunda amistad, pero no de amor. La lleve a la comuna, teníamos relaciones, pero ella, Mara, Marita siempre estaba distante; yo le dediqué muchas canciones en el programa, le escribí mil poemas; Sin embargo un día, se distanció, le marqué a su número varias veces y jamás me contestó. Por esos días de su desaparición, me dio por leer una y otra vez a Neruda, buscaba en él, el rastro de su cuerpo hermoso, que yo amaba y deseaba; a Mara, solo la encontré en un poema, en un verso:
“Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!”
Después de varios meses de no saber de ella, en mi condición de abandonada deje la “radio rebelde” (cuyo futuro era incierto y triste), deje también a la “casi comuna”; y como en los versos de Neruda sarpe de “los muelles en el alba” y llegue a una pequeña población indígena de la sierra oaxaqueña, estando ahí me uní a un proyecto de radio comunitaria. De Marita, lo único que supe por conocidos de la prepa, que ya no trabajaba en el banco, que se había enamorado de una mujer extranjera, que se había fugado con ella a otro país, que se encontraba lejos. De vez en cuando sueño con ella, en mis sueños Mara está en medio de una tormenta, yo la intento ayudar, pero como en los versos de Neruda: “todo el ti fue naufragio”.
“Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!"
FIN
Arilin Hojaluna

2 comentarios:
hola arilin,lei tu cuento,que tan real es? bueno,pues gracias por tu comentario,me late que te haga sentir algo mi trabajo,un abrazo!!
pues me dio esa sensacion,nada mas,aun que no hay nada del todo biografico y ficcion,vale pues que tengas buen dia.
Publicar un comentario