El TRISTE

Aquí dejo otro cuento que escribí, espero que les guste.

EL TRISTE

Era domingo y entré al bar, estaba seguro de que encontraría a una linda dama y que la llevaría conmigo. Fui directo a la barra y pedí una cerveza, me dediqué a mirar hacia la pista, donde la rocola tocaba un bolero, había algunas parejas bailando, entonces la vi, estaba parada al lado de una mesa, tomando una bebida y al igual que yo observaba a los otros bailar, iba vestida de negro, su cabellera era larga y castaña, ella era alta, blanca y sus caderas atrayentes. Tomé mi cerveza y me dirigí a donde se encontraba, pero llegó una muchacha delgada y la abrazó, le dijo algo y la jalo hacia la salida, cuando me di cuenta ya se había ido.

Esa noche conocí a María, tenía 20 años, era morena, no muy alta, pero bella muy bella. Sus ojos eran grandes y oscuros. -Me gustas- le dije, cuando llegamos al departamento, la besé, recorrí sus caderas, ella me preguntó- Miguel, ¿eres cómo todos los hombres?, le sonreí fascinado y la lleve al baño, yo tenía una tina, era lo único lujoso del pequeño lugar donde vivía, los pisos eran de madera y rechinaban cuando caminabas. Abrí la llave y empezó a caer el agua, ella traía una blusa negra de tirantes, se la quite y le bese lentamente los senos, cuando se llenó la bañera, la desnudé con cuidado, me quite la ropa con prisa, mi pulso se aceleró, la morena hermosa se sumergió y yo la poseí…

A la mañana siguiente me fui al trabajo, estaba satisfecho. Soy fotógrafo de nota roja, para un periódico que se llama “En la mira del escándalo”, en definitiva no es conocido y subsiste gracias a los asaltos y asesinatos de todos los días. El editor, era un hombre mayor, amistoso, que siempre estaba tosiendo, pero no dejaba de fumar como chacuaco, cuando me miraba entrar a la micro oficinita me decía- Otra vez tarde Miguel, pareces zombie, ¿qué? nunca duermes-. Mi trabajo es fotografiar a los muertos de la ciudad de la furia, los casos en la mayoría de las veces son los mismos -esposa acuchilla a su esposo alcohólico y lo mata,- asaltantes acribillan a una pareja en el parque-, pero últimamente las notas siempre eran sobre asesinatos de mujeres, -mujer joven es encontrada asesinada en un callejón, era de complexión delgada, estaba desnuda y tenía extrañas heridas en el cuello-, yo miraba todos esos cadáveres, el rigor mortis, sus miradas perdidas entre el miedo o el asombro;- no detestaba mi trabajo, ¡claro que no!-, era lo único que me mantenía en pie, las fotos las revelaba en mi casa, de tanto mirarlas, ya nada me impresionaba, sus cuerpos pálidos, se parecían a mi.

El domingo regresé al bar, “Los tres diablos” estaba a dos cuadras de mi departamento, y la gente que asistía de vez en cuando se levantaba de las mesas a bailar, me acerqué a la barra y pedí como siempre una cerveza, entonces me dirigí a la rocola, elegí unas de José José, la maquinita empezó a tocar “qué triste fue decirnos adiós, cuando nos adorábamos más…”. En ese momento la encontré, era la misma mujer, su cabellera larga y castaña, estaba recogida en un chongo y llevaba un vestido negro largo, está vez la observaría desde lejos, ella no bailaba, era inexpresiva, era tentadora, después de un rato se le acercó una mujer delgada, rubia, sin duda no era la misma de la otra vez, la güera, le bailó un rato, la besó y se la llevó.

En la madrugada, llegué a mi departamento, estaba entre feliz y ebrio, traía conmigo a Inés, una muchacha de ojos claros, que era diferente a las que había conocido, era muy complicada, no se dejaba abrazar la condenada y sus besos eran húmedos; entrando a mi guarida se sentó en el sillón viejo que adornaba mi sala de pisos de madera decolorados por la humedad, sobre él estaba el periódico del miércoles, lo tomó y leyó en voz alta- ¡Mujer joven, no identificada, apareció muerta en un callejón, no llevaba ropa y tenía extrañas mordeduras en el cuello!- le dije que yo había sacado la fotografía, me miró curiosa pero circunspecta, le quité el periódico de sus hermosas manos y la besé, le dije -que confiara en mí, que yo no mordía-, la fui desnudando despacio, admiré su belleza y la cargué hacía la bañera…

Pasaron los días de la semana rápido, en mi trabajo seguían las cosas como siempre, asesinados, violentados, hombres y mujeres, que dejaron de existir por un amor, por un deseo, por una mentira, por un sueño; todos ellos salían en la mira del escándalo, a veces me cansaba, me hartaba, sentía nauseas, quería ser otra persona; el viernes encontró la policía a otra mujer, estaba muerta, era delgada, blanca, llevaba varios días tirada en un baldío, estaba desnuda, sin identificación, tomé las fotos de rigor, unos de los policías que se encontraban ahí me dijo que enfocará el cuello, que observará bien, ella tenía las mismas marcas encontradas en otros cuerpos, parecían mordeduras, pensé en el encabezado inútil del diario -¡El chupacabras regresó, pero ahora mata mujeres!-.

Esa noche mientras revelaba las fotos de la joven asesinada, sentí una sensación extraña, como que ella me recordaba a alguien, que había visto en algún lado, tal vez a mi madre, era hermosa, tenía el pelo largo, muy claro y su nariz respingada; se llamaba Raquel era fuerte y me crío sola, a los 18 fue madre soltera y nunca se arrepintió, enfrentó a los problemas, el pobre diablo que la embarazó nunca dio la cara por ella, mucho menos por mi, yo la admiraba. Pocos meses después de que yo cumpliera 12 años, la encontré muerta en medio de nuestra sala, alguien que había entrado a robar nuestra casa, la había asesinado, recuerdo sus ojos, parecían desorbitados, con miedo; aún hoy estoy convencido de que murió pensando en mi, nunca encontraron al asesino, al igual que muchos otros, su crimen quedó impune.

El domingo me dirigí a “Los tres diablos”, esta vez al llegar pedí un tequila, yo estaba cansado, arto, tenso, quería desahogarme, beber hasta más no poder y cantar canciones para dolidos, mi mujer de caderas atrayentes, vestido negro y pelo largo, estaba bailando sola en medio de la pista, la rocola cantaba una de José José, “ llorando de alegría y no de miedo y dudo que te pase igual con él, igual con él, anda y ve, te está esperando anda y ve…”, se veía hermosa, la miré, la dese, esperé al lado de la pista, me terminé el tequila y cuando paro de danzar me acerqué a ella; Elisa se llamaba, bailamos un rato, -yo te conozco- le dije, me miró con aire taciturno, como si no estuviera en éste mundo, me penetró con la mirada, la besé y me elevó al cielo, le pedí que saliéramos, que fuéramos a mi departamento, dude que aceptara siempre estaba con chicas. Ella salió detrás de mí, llegamos abrí la puerta, yo ya estaba muy excitado, la quería poseer, ella miro a su alrededor y me pidió un cigarro, yo casi nunca fumaba, por que el pequeño espacio se apestaba, pero inmediatamente saque un encendedor y la cajetilla de mi la bolsa del pantalón y se los dí, me sentía intoxicado, entre más la veía fumar, más se me antojaba toda ella, era un diosa, la invité a la tina, sus ojos oscuros no dudaban, antes de ir, se quito el vestido y la ropa interior, yo abrí la llave de la bañera mientras observaba sus pezones claros y delicados, sus caderas atrayentes me provocaban, me ordenó con una voz decidida que me desnudará. Mientras nos sumergíamos, note que su piel era muy fría, que parecía no sentirme, ansiosa besaba mi cuerpo, sus maneras tenían algo de animal y salvaje, me empezó a besar el cuello, súbitamente sus caricias se tornaron punzantes, sus ojos se volvieron completamente negros, sentí un fuerte dolor, ella me estaba devorando.

Poco después salió públicado "En la mira del escándalo", una nota que asombró a muchos, -Seres de otro mundo, asesinan hombres y mujeres dejando como únicos rastros extrañas mordeduras en sus cuellos-. De eso ya han pasado eternidades, hoy yo sigo siendo el mismo; y estoy convencido de que antes de convertirme en vampiro, solamente estaba pensando en ella, en Elisa.

“No se si vuelva a verte después, no se que de mi vida será, sin el lucero azul de tu ser, que no me alumbra ya, hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad, la historia de ese amor se escribió para la eternidad…”

FIN
arilin hojaluna

1 comentario:

Jose Luis Montero. Yoko dijo...

Niñita... ta bien chingón. Le diste la vuelta a lo que había leído, te quedó muy muy bueno :)
Te amo vida