ESOS

Hace tiempo que no escribía, pero les dejo éste cuento.

ESOS

Observar el horizonte y gritar, es lo único que podía hacer. No voy a salir de ahí, nadie me va a rescatar. ¿Cómo fue que me metí en éste problema?

Miro al horizonte sólo estás tú, espero que te compadezcas y me ayudes, no importa que no seamos iguales, que tus besos me quemen y que estemos perdidos.

Espero huir contigo de la mano, no importa hacía donde. Estoy sufriendo, quiero correr, quiero estar a tu lado.

-¿Por qué me dejas? Hay cosas que aún no han quedado claras. Estas conmigo o estás con ellos, estoy sangrando ayúdame. Llévame contigo, estoy en el fondo y tú eres la única que me podría salvar. Yo soy pequeño e insignificante, tú eres lo más importante de mi vida, no quiero estar solo.

Estoy desangrándome y no la veo cerca, ¿dónde está?, ella mi dueña, la luz de mis ojos.

Dos días después…

Me acerco a él. Mi padre está comiendo. Entonces le cuento lo que vi:

-Papá, estaba caminando por el bosque y encontré algo espeluznante y huele mal, estoy algo asustado

-No tengas miedo Miguel, de seguro es otro ciervo muerto.

-Pero, pero, tenía forma humana…

Mi papá y yo caminamos por el bosque, hace unos días yo había escuchado ruidos que provenían de ahí y ahora estaba seguro de que no era otro ciervo.

-Ahí está papá ¿es uno de esos?

Mi padre era grande, a diferencia de mi madre que más bien era de talle pequeña. Olió con cuidado aquella cosa, se veía consternado.

-Bueno creo que tienes razón.

Miramos a lo lejos, el humo sigue saliendo de esos galerones de concreto. Mi papá me contó que hay humanos malos y ambiciosos, que tienen esclavos de su misma especie.

Desde hace cientos de años los vemos entrar, miles entran, son obreros, alimentan las máquinas enormes que nunca paran; de vez en cuando unos intentan liberarse, entonces los de negro vienen al bosque, que está siendo destruido por los humos tóxicos y desperdicios, y entonces tiran los cuerpos inertes de los rebeldes, a veces nos tocan ver que algunos luchan por su vida, pero están muy heridos...

Un día le pregunté a mi papá porque nosotros no moríamos como ellos.- Nosotros no pertenecemos a su especie, somos seres del bosque, vivimos en la clandestinidad- contestó. Y me hizo prometerle jamás acercarme ahí.

-La otra noche papá, escuche y vi a dos humanos, uno era un hombre, igual a éste, la otra era una mujer vestida de negro, ellos se besaban.

-Ya no digas nada Miguel, los muertos deben ser enterrados en silencio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te amo,me gustó tu cuento amor te amo mi vida preciosa...
:)

Jose Luis Montero. Yoko dijo...

Te amo preciosa