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De izquierdas, libros y demás

Podría ponerle a éste post un nombre rimbombante como “En defensa de las izquierdas” (tal como lo harían los clásicos), sin embargo no estoy a ese nivel de capacidad discursiva.

Empezaré por comentarles que debido a que soy una sujeta histórica, me es necesario posicionarme en algún punto de la balanza imaginaria, en la cual todos (los luchadores sociales) nos paramos para medirnos frente al otro, y de ahí poder expresar mejor las ideas.

Y destacaré que escribo, porque tengo un amigo que me compartió una reflexión, dónde logró responderse ¿por qué él no es de izquierda? En su escrito da entender, que todas las luchas de la izquierda política, se pueden meter en un licuadora y mezclarse tanto, que no podemos distinguirlas entre sí, ni posicionarnos desde un lugar llamado izquierda sin quedar embarrados por el lado recalcitrante, determinista, evolucionista y autoritario. Llegando a la conclusión de que su única opción es abrazar al nihilismo y de ahí dedicarse a develar las grandes mentiras de la izquierda y la derecha (obvio él lo redactó de una forma más compleja).

Como esto es un post para el blog, pues no quiero caer en analizar historiográficamente algún movimiento autodenominado de izquierda, ni siquiera voy a ponerme academicista (aunque sí diré mis fuentes). Por ello hoy, elijo hablar de mi persona (no en un afán narcisista), sino porque es la historia que conozco a la perfección y yo políticamente me coloco en la parte izquierda de la balanza, tal como mi corazón (cursilería).

Hablar de mí, es sin duda, hacer un ejercicio de permitirme mostrarme y separar las hebras de la madeja que es mi vida. Como varios de mi generación, yo soy producto de la unión de unos hippies, que vivieron su juventud en los años setenta. Tanto así que yo llevo el nombre de una revolucionaria cubana y mi hermano gemelo se llama Ernesto. Mi papá en su juventud perteneció a un partido trotskista, creía firmemente que a la Revolución Rusa le faltó una revolución cultural, odiaba a Stalin y era un activista al que sus compañeros le apodaban “El Chivo”. Mientras mi madre cuando iba en la secundaria, fue llevada por mis tíos a la manifestación del 2 de octubre del 68, y salió viva porque en la desesperación su hermana la tiró al suelo, mientras algunas personas caían muertas por las balas que disparó el gobierno autoritario priista.

Lo anterior podría hacer pensar al lector que mi giro a la izquierda fue producto de sus locuras de juventud, en parte sí, sin duda la vida de mis padres es parte de la historia transgeneracional que comparto con mi hermano (y si me pongo dramática soy sangre de su sangre).

Pero, yo en lo particular atribuyo mi incipiente formación política/ideológica,  a que ambos son unos empedernidos acumuladores de libros, y que para bien o para mal, la mayoría del tiempo no nos supervisaban. Desde muy pequeña (8 años) empecé a leer novelas y poesía latinoamericana, lo cual me llevó a conocer historias trágicas, sobre tempestuosas relaciones sexuales, sobre condiciones de vida difíciles, migración, pobreza, violencia, abandono, incesto, guerras civiles, homosexualidad, drogadicción, matrimonio, infidelidad, prostitución, noviazgos, amor romántico, asesinatos, alcoholismo, venganza, lucha social, machismo, celos, muerte, felicidad, clases sociales, hacendados, campesinos, fantasmas, magia, etc. 

Me metía a la biblioteca de la casa, que era una bodega desordenada y buscaba qué leer, como sabía que mi padre se encabronaba si tocábamos sus cosas, yo exploraba cuando no estaba, con un sentimiento de ansiedad porque sabía que estaba prohibido y que me pegaría si algo le pasaba a sus libros.

Un autor latinoamericano que me impactó a mis 10 años fue Benedetti, no por su posición política, porque a esa edad no tienes ni puta idea de qué fueron las dictaduras en América Latina, ni siquiera de qué significa conceptualmente el exilio. Leí Andamios una novela que habla sobre  desencuentros, me generó más dudas que certezas, evidentemente, pero algo pasó al leerla, y es lo siguiente: esos personajes totalmente contradictorios, llenos de claros oscuros, de dudas ante el amor, ante sus decisiones,  ante el desexilio, eran tan imperfectos como yo. Benedetti era un artista para describir el sentimiento de extravío (en esos años yo sufría de ese mal, creo que hasta ahora).

Seguí leyendo novelas no solo latinoamericanas, a los 14 años leí una historia que me pegó un duro golpe, se llama Hotel Sarajevo de Jack Kersh, ahí el autor habla sobre las consecuencias de la primera guerra mundial, la novela se desarrolla en Bosnia y la protagonista Alma es una niña de 13 años que junto con varios adolescentes se refugian de las bombas entre los escombros del Hotel. Fue una lectura impactante porque nunca había imaginado en ningún sentido los horrores de la guerra. Alma se enamora de Luka el líder de la comuna e inician un idilio adolescente que (evidentemente) termina en muerte.  Nunca me consideré alguien madura para mi edad, leía estas cosas en soledad, difícilmente compartía esto con mis amigos o con mi familia. Ese libro me produjo un despertar ante el dolor, lo que también sentí al leer  El diario de Ana Frank, supe que entre países se mataban por diferencias ideológicas, económicas y políticas.

Recuerdo que leía mucho, me obsesionaba conocer esos otros mundos y a nuevos personajes, lo hacía porque ahí encontraba respuestas para todo lo que se me podía ocurrir, desde niña sufrí insomnio, y ante eso: leía y escuchaba música muy bajito, para que no se dieran cuenta que seguía despierta. La mayoría de las veces descubría que las historias eran trágicas, que había diferencias de clase que dolían, pero que había personas dispuestas a dar la vida por defender sus creencias, inclusive a enfrentar el poder. Un libro que me encantó fue Don Quijote, me permitió reflexionar sobre la locura, aún hoy mientras leo algo de Foucault, no puedo evitar relacionarlo con la prosa de Cervantes ¿la locura libera al sujeto de la biopolítica?

Mi contacto directo con la izquierda revolucionaria fue a los 16 años cuando leí la biografía de Ernesto Guevara de Pacho O’Donnell, al conocer la historia del Che sus claros oscuros y su convicción ante la lucha social, la entrega revolucionaria, pero también al hombre débil, enfermo, con contradicciones, me produjo admiración, pero también me inyectó la duda teórica, ¿quiénes eran Lenin, Marx, Engels, Trotsky y Mao?

Comencé a leer libros teóricos sin entender absolutamente nada, decidí para aquellas épocas  renegar de la vida. Asistía a una escuela de monjas y necesitaba de forma imperante tener armas para cuestionar a Dios, porque me cagaban los imperativos, las normatividades y ellas eran todo eso que odiaba, entonces leí a Nietzsche específicamente La Genealogía de la Moral ahí entendí perfectamente algo: a todos se nos educa para estar sometidos.

Y eso, justo eso es lo que problematiza Foucault, existen una serie de instituciones que juegan con los discursos, y a su vez hacen dispositivos que se colocan en el cuerpo de los sujetos. Los discursos son utilizados para justificar la existencia de las instituciones, sin embargo no son estos los que dominan, sino los dispositivos actuando a través de las relaciones de poder que sostenemos entre sujetos. El filósofo  también explica que se pueden generar prácticas éticas que nos liberen de esos dispositivos de poder y dominación.

Recuerdo ahora la clase que alcancé a tomar con Bolívar Echeverría, la del capítulo 5 de El Capital, ahí nos explicó como en un principio el humano se identificaba con lo que modificaba en la naturaleza, por eso, los mitos fundacionales siempre están llenos de referencias de materiales modificados por el hombre: el barro, la arcilla, la madera, etc. Él en específico puso el ejemplo de los hombres del maíz, en nuestro historia es muy clara la forma en la cual nos identificábamos con la naturaleza, que nos daba la vida, inclusive en el olor significábamos unidad con el maíz.  También el profesor explicaba que en la modernidad los seres humanos somos como un Golum, no tenemos historia a la cual asirnos, despojados de todo contenido, estamos tan alejados de la naturaleza que no podemos reflejarnos en ella, ni en otros. 

Marx explica desde el materialismo histórico, como en el sistema capitalista de producción la mercancía adquiere plusvalía gracias a los obreros explotados, entre más maquinas existan menos plusvalía, porque es el desgaste de la fuerza de trabajo la que produce riqueza. En el capitalismo los obreros despojados de los medios de producción, solo tienen su fuerza de trabajo para vender a la burguesía que son los que poseen las fábricas.

Marx también dijo que la única posibilidad de pasar a otro modo de producción, era por medio de una revolución violenta, dónde se tendría que destruir todo lo que actualmente conocemos, para dar paso a lo nuevo. Aunque también reitera que como en todo proceso dialéctico: la semilla del cambio está depositada al mismo tiempo que el nacimiento del sistema. Y esa revolución no se dará gracias a una toma de conciencia de la clase obrera.

La razón por la cual Marx hacía énfasis en la lucha de clases, es evidente, la clase explotada sería la clase social que destruiría al capital, porque la burguesía por su condición de clase no aceptará el cambio, porque ello, implicaría renunciar a sus privilegios. Algo que aprendí es que Marx quería hacer énfasis en que el capitalismo no era algo dado, inherente a la naturaleza humana, como regularmente se quiere hacer creer a las personas, que somos seres egoístas que solo velamos por un interés liberalista, sino que quería usar la historia para demostrar que otros mundos fueron y son posibles. No encuentro ningún dogmatismo estéril en Marx, inclusive nos da la posibilidad de imaginar ¿qué mundo nuevo traerá consigo la semilla del cambio?

 Los intelectuales panfletarios de la izquierda revolucionaria socialista y comunista, regularmente han mal leído a Marx y han promovido una idea falaz, de que la historia va por fases y que pasaríamos al comunismo impulsando la revolución, que la clase obrera tenía que dar la vida y que quienes no eran obreros se unirían por solidaridad y en contra de la burguesía.

Inclusive esa mentira es tan grande, que el propio Marx siempre dijo desde los principios materialistas que no era culpa de la burguesía en sí tener los medios de producción,  era una cuestión de la estructura que se organiza con base en la explotación. No hay buenos, ni malos, solo un sistema cruento que sirve para producir riqueza monetaria y que no nos permite ser seres humanos.

Reconozco que existe una izquierda de discursos estériles, que nos llevan a quemar las naves, por eso yo vuelvo a Foucault, él hablaba de personas que no se sometían, que eran “anormales”; “enfermos”, “delincuentes”, “monstruos”, los “inadaptados” en los cuales los dispositivos no actúan de la misma manera, ellos eran metidos en cárceles, hospitales psiquiátricos, eran excluidos de la sociedad y señalados. En la sociedad las relaciones de poder, que ejercemos uno a uno, cuando juzgamos, cuando educamos, cuando medicamos, cuando negamos quiénes somos, es la forma en la cual se reproduce el sistema del poder, el gran hermano ya no es necesario, cuando tenemos a miles controlando en razón de que un discurso dijo que poseía el monopolio de la verdad y de la realidad.
¿Esas irregularidades que surgen en el sistema serán expresiones de la semilla del cambio? Esas personas de carne y hueso, que contra todos los pronósticos cuestionan a los poderes autoritarios que les dicen que no encajan. Foucault analizó la sexualidad, porque era un campo muy efectivo para comprobar su metodología que desarrolla en la Arqueología del Saber.

La mayoría de los personajes que conocí cuando era niña, fueron producto del boom latinoamericano. Las historias eran muy realistas, de personas comunes y corrientes, que se enamoraban, que sufrían, que hacían pendejadas y violentaban al otro debido a fines egoístas, pero siempre había alguno que se salía de la regla de la realidad. El realismo mágico, también nos da la posibilidad de mirar la existencia de esos sujetos irregulares, de los que habla Foucault, esos niños con cola de cerdo y niñas que podían ver fantasmas o eran pitonisas.

Soy de izquierda,  porque entiendo y me horroriza como el sistema nos aliena de la posibilidad de identificarnos con los otros, la mayoría de las personas viven más preocupadas por juzgar a un movimiento, que por ayudar solidariamente ante una desgracia humanitaria. Soy de izquierda porque veo todos los días a los cientos de personas “inadaptadas” que son la expresión de la semilla del cambio. Soy de izquierda no para imponer un discurso, sino para resistir a los embates crueles del capitalismo salvaje y desde la resistencia visibilizar que el cambio ya está entre nosotros. 

Soñemos lo imposible


«Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles»
Bertolt Brecht

Estoy peda. Son de esas ocasiones que te pones algo borracha y tu mente casi por sí misma se pone a pensar profundamente.

Hoy sábado pretendí ir a una manifestación en contra de los asesinatos que actualmente se están perpetuando en Gaza; cuando llegué al Hemiciclo observé las mantas y también a las personas que estaban ahí reunidas, algo que me llamó mucho la atención fue que televisa estaba grabando todo y haciendo entrevistas. Normalmente cuando voy a marchas, siempre ocurre que no hay un interés de los medios por emitir la noticia, ya que son protestas que son desaprobadas por la clase hegemónica en el poder (es decir el gobierno mexicano y los empresarios). En fin, creo que lo que me desanimó por completo y me dio algo de coraje fue observar una manta que decía “que no era Israel el qué asesinaba personas en Gaza, sino que era Hámas”, en ese momento pensé que realmente algunas personas desconocen que ésta guerra no es un conflicto entre países que se “odian” o una disputa entre distintas religiones (hay algo de eso, pero no es definitorio), sino que atrás de ello se encuentran las petroleras gringas queriendo beneficiarse económicamente. Esto es algo que en lo particular nos debe de preocupar, puesto que en tiempos de crisis, las grandes trasnacionales harán lo que sean por apropiarse de territorios potencialmente explotables. Aparte de que hay personas inocentes dentro del conflicto, que están muriendo. Las armas son de alto alcance y no discriminan entre niños, ancianos, hombres y mujeres, todos ellos civiles.

En realidad ya no acompañé a los de la marcha puesto que en lo personal me pareció que estaba algo viciada. Puede que tal vez me equivoqué, sin embargo mi sentir era y seguirá siendo en solidaridad con el pueblo Palestino y en contra de que siga la expansión imperialista en medio oriente, se debe exigir internacionalmente el cesé al fuego en la franja de Gaza y el alto total a la masacre de personas inocentes.

Por otro lado todo ello me hace reflexionar también en la crisis que está viviendo el modo de producción capitalista, puesto que se espera que en poco tiempo alcance grandes proporciones. Normalmente el mismo sistema promueve que las personas no vislumbren nada más halla del capitalismo y de la estructura de clases; sin embargo creo que sí se puede soñar lo imposible. Algunos podrán pensar que la utopía como tal solamente sirve como un paliativo para que los pobres que sufren de los embates del capital, preserven algo de esperanzas, pero sigan sobreviviendo en las mismas condiciones; sin embargo cada vez se hace menos factible seguir pensando las cosas de la misma manera. Existen día a día más personas que no están conformes con el modelo actual y están vislumbrando un camino con miras a un enfoque socialista. El Che hace mucho que dijo la frase “seamos realistas, soñemos lo imposible” y aún hoy sigue vigente. La revolución como medio por el cual acabáremos con la explotación del hombre por el hombre, daremos fin a la prehistoria e iniciáremos con la historia de la humanidad. Creo que no está prohibido soñar, e imaginar, puesto que ambas son partes básicas de la creación. Imaginemos pues, que podrá lograr el pueblo unido contra el capital. Estoy segura que todo ello se concretará en el plano de lo real cuando la clase trabajadora tome lo que les pertenece y se elimine la propiedad privada de los medios de producción.

Por último la razón del porque en el principio escribí que estaba algo borracha (aunque a éstas alturas ya se me bajo), es que fui a la cantinita de insurgentes a tomarme unas chelas con mi persona y con nuestro amigo Arturo, la verdad es que estoy algo cansada y se me subió muy fácilmente. No cabe duda que eso me aflojó las palabras; y las ideas por lo tanto fluyeron como torrentes, en fin solamente espero poder pronto dormir.

Arilin Hojaluna

Nota: Éste post pretendía subirse el día sábado (es decir técnicamente ayer) pero lo traspaso así que pues ya ni modo.

PENSAMIENTOS



Ayer hablando por teléfono con mi persona le empecé a contar sobre mi dificultad para dormir por las noches, esto me pasa desde muy pequeña, recuerdo cuando tenía 3 o 4 años me la pasaba despierta e intentaba dormir sin éxito, a veces despertaba a mi hermano (de mi misma edad) para que me hiciera compañía, en otras ocasiones iba a la sala y encontraba a mi papá viendo la televisión, entonces le contaba que no podía dormir, él se quedaba conmigo hasta que me vencía el sueño.

Actualmente también padezco del mismo problema por las noches, yo nunca he tenido el sueño pesado, cualquier ruido me despierta y cuando duermo a veces me siento estresada por otro lado si escucho la voz de personas hablándome logro dormir con mayor facilidad; cuando estaba en la secundaria y en la preparatoria, al no tener a nadie dormía con la radio prendida, ahora que voy en la universidad en ocasiones prendo la radio, otras el televisor o hablo con mi persona antes de dormir.

Me gustan las voces humanas, me gusta que me cuenten historias. Aunque por otro lado hay veces que en definitiva no consigo que el sueño venga, es horrible no poder dormir, doy vueltas en la cama, me pongo sobre el suelo, me voy al sillón, fumo en mi azotea (literal, duermo en el cuarto de la azotea), a veces escucho música pero por la mañana evidentemente estoy cansada y estresada.

La noche es algo solitaria, cuando miro por la ventana del cuarto observo a los aviones que van de regreso al aeropuerto (porque no consigo ver las estrellas), la torre que está a un costado del metro instituto y escucho con cuidado a los automóviles y a las personas caminar por las calles casi desiertas; la ciudad de la furia de noche me parece una extraña, a veces veo como se traga a los individuos que la transitan, entran en una sombra y se quedan ahí quietos en el eterno paisaje de concreto, siempre gris, siempre negro.

Por fin cuando duermo, yo soy uno de ellos, de los miles de solitarios que se sienten cansados, que caminan apurados y que terminan engullidos, entonces despierto nerviosa, miro hacia la ventana, la deje abierta, los sonidos de la calle entraron una vez más a mi sueño.

Me gustan las voces humanas, me gusta que me cuenten historias para poder dormir y soñar; en contraste la ciudad nunca duerme, nunca deja de chingar, nunca deja de joder, nunca apaga las luces, nunca termina de consumar sus actos de heroísmo o de heroína ¿?, nunca deja de morir, ni de nacer; sin embargo creo que todos nos hacemos la misma pregunta ¿sueña o no, la ciudad de la furia (DF)?

Arilin Hojaluna